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jueves, 12 de noviembre de 2020

Cambio de rumbo

 La vida en Málaga era mucho mejor que la que tenía antes.

Guille debía ser sincera, al menos consigo misma, se lo debía. Desde que tomó la decisión de irse de su país de origen las cosas habían tomado un curso acelerado y cuesta arriba, pero todo tenía mejor color que cuando aún estaba estancada en esa casa que compartió por años con su familia. 

Desde siempre había estado vagando en su propia vida, como si solo siguiera la corriente, sin ganas de elegir por sí misma hacia donde quería ir. Hasta que se encontró avisándole a su familia que se estaba por recibir. El día en que rindió su ultimo final y se vio rodeada de sus amigos y cubierta de pies a cabeza con huevos podridos y harina sintió que estaba un paso más cerca de esa meta difusa que había creado en su mente durante años pero nunca que nunca había creído posible. 

Habían sido años de esfuerzo, años de no dormir lo suficiente y de haberse jodido la vista hasta el punto de tener que usar anteojos para poder ver las letras mientras leía. Años de tragarse su orgullo y pedir favores a sus familiares para tener un techo sobre su cabeza, y algunos otros años de no ver a su madre y hermano por meses. Más de una vez había tenido que elegir entre cargar la tarjeta del colectivo y comer una sola vez al día o despertarse a las 5 am y caminar siete kilómetros hasta la facultad. Incluso había tenido que soportar las críticas de su padre y las miradas de lastima de sus parientes. 

Pero en el momento en que tuvo su titulo de grado entre las manos supo que todo al final valió la pena. Y aunque aún le quedaba un largo camino por recorrer hasta su meta, con su mejor compañera al lado sabía que podían lograrlo. 

Así que una vez que comenzó a trabajar en su ámbito -a la par de su trabajo de medio tiempo-, Guille se mantuvo con la cabeza en el trabajo, dando lo mejor de sí aunque tampoco pudiera dormir lo suficiente. 

Y fue así hasta que Sarah se recibió año y medio después. Una vez que ambas estaban desligadas de la universidad y con algo de ahorros en sus cuentas bancarias, decidieron hacer lo que venía rondando en sus cabezas desde hacia años y lo que sería su boleto hacia una nueva forma de vida. 

Las prácticamente mejores amigas se casaron por civil un martes de septiembre a las tres de la tarde, vistiendo jeans como todos los días y sin decirle a nadie. Ese era el verdadero boleto para salir del país con que contaba Guille, porque su amiga le había permitido figurar como casadas para que pudiera obtener la doble ciudadanía como ella. Tan solo medio año después de firmar los papeles del matrimonio compraron los pasajes de avión para irse hacia el otro continente donde estaba la mayor parte de la familia de Sarah esperándolas. 

Por el momento ya llevan casi un año viviendo en Malaga, ahora están en un departamento cerca de la casa de los tíos de Sarah, ambas trabajando y viviendo. 

Guille estaba más que feliz de haber decidido dar ese paso, ya no tenía que sobrevivir y dormir 6 horas por día para poder juntar algo de dinero, ahora podía vivir en serio mediante sus esfuerzos en el trabajo, y estaba empezando una nueva vida en un nuevo lugar. 

En serio estaba agradecida consigo misma por haberse animado a cambiar de vida. 

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